En el presente trabajo hemos querido darle un formato más profesional al estudio de esta batalla, puesto que los historiadores clásicos ponen mucho énfasis en el relato y en la parte anecdótica, como método de análisis se ha recurrido a la apreciación de situación para operaciones ofensivas, de acuerdo con los datos a que hemos podido acceder, y aunque sabemos que es fácil analizar una situación cuando ya se conoce el resultado, esto no invalida las lecciones que se puedan obtener para la historia militar utilizando este método.

En la primera parte hacemos un relato breve de los acontecimientos políticos que condujeron al combate, posteriormente hacemos una reseña sobre la organización y venida de la expedición hasta su derrota en la batalla de Paraguarí y por último se hace un análisis de las fuerzas enfrentadas y un relato de lo acontecido en la gesta militar.

También debemos advertir al lector que por no contar con una cartografía adecuada ni haber realizado un reconocimiento minucioso del terreno, donde se desarrolló el encuentro, algunos de los lugares mencionados no han podido ser ubicados exactamente, tampoco hemos podido disiparlas dudas acerca de la jerarquía que tenían los Jefes paraguayos en el momento en que se desarrollaron los acontecimientos, por la inexactitud y contradicciones de los testimonios que pudimos consultar.

Esperamos que investigaciones posteriores puedan aclararlas lagunas que pudiera tener este trabajo, y nosotros nos daremos por satisfechos sien algo hemos podido aportar nuevos datos que pudieran ayudar al mejor conocimiento de este hecho de armas crucial de nuestra Historia Militar.

ANTECEDENTES

Las acciones bélicas nunca constituyen actos aislados, si tomamos como base el pensamiento de Clausewitz cuando afirma que" la guerra... se origina en una situación política y estalla por un motivo político”. Por lo tanto es necesario entonces remontarnos a la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776, consecuencia de la reforma del Rey Caños III de Borbón, cuya delimitación geográfica abarcaba los actuales territorios de Argentina, Paraguay, Uruguay y parte de Bolivia y Chile.

A comienzos del siglo XIX a raíz de la ocupación napoleónica de la Península Ibérica se hace patente la incapacidad de España para gobernar sus colonias de América. El 25 de mayo de 1810 a imitación de las Juntas de Regencia del rey cautivo Fernando Vil que funcionaban en la Metrópoli; en Buenos Aires se constituye también una Junta que dicen gobernar en nombre de aquél y depone al Virrey Cisneros, pretendiendo heredar la jurisdicción del Virreinato, a tal punto de solicitar sumisión a ella a las demás provincias, apelando a los medios diplomáticos y al tropezar con la resistencia, acuden al empleo de la fuerza.

Es así que comisiona al Cnel. paraguayo José Espínola y Peña a exigir el sometimiento de la Provincia del Paraguay, pero éste al no gozar de la simpatía de sus compatriotas fracasa en el intento y se ve obligado a huir ante el peligro de ser detenido. El 24 de julio de 1810 se reúne en Asunción, una Asamblea General que resuelve mantener Provincia.

El coronel Espinóla y Peña deforma la realidad insuflando a los oídos de la Junta porteña la ilusión, de la caída del gobierno españolista en el Paraguay como empresa fácil y que sólo era cuestión de sacudir y despertar a los paraguayos del engaño hipnótico en que se encontraban sumidos para derrocar a sus gobernantes.

LA EXPEDICIÓN

El 22 de septiembre de 1810 la expedición de " auxilio " encabezada por el Vocal Manuel Belgrano a la Banda Oriental incluye a las provincias de Santa Fe, Corrientes y el Paraguay. Al estructurar su ejército, Belgrano trata de llenar sus filas con hombres vinculados al Paraguay como José Ildefonso Machain. La expedición compuesta por 1400 hombres (incluidas las fuerzas del Cnel. Rocamora) y seis cañones se ponen en marcha y al llegar a la costa del río Paraná se detienen. Se envía un emisario a Asunción, el Tte. Warnes, a fin de lograr por medio de la amenaza militar el acatamiento a Buenos Aires, pero el enviado es detenido y a falta de noticias sobre su paradero, los porteños proceden a transponer el Paraná el 18 de diciembre.
En Asunción ante la inminente invasión, el gobernador Velazco llama a movilización general de la Provincia y acuden al llamado de las armas 6.000 hombres, pero sólo había disponibilidad de 500 fusiles, 14 cañones de campaña, 21 pistolas y 369 sables y espadas.

La falta de armas no se podía suplantar con entusiasmo, ni tener muchas esperanzas en un ejército numeroso sin disciplina y pobremente equipado. El gobernador Bernardo Velazco actuó con inteligencia y concibe su plan en ceder el espacio a fin de debilitar la retaguardia cordiales relaciones con Buenos Aires, pero no reconoce superioridad alguna de aquella Junta y ante una hipotética agresión deciden aprontar los medios militares para la defensa de la enemiga al mismo tiempo que obtenía una relación de fuerzas favorables y establecía un dispositivo inicial flexible e ideal. Conforme a este plan se envían pequeñas partidas volantes de caballería a manera de fuerza de cobertura, a fin de vigilar el avance enemigo.

El 29 de diciembre deja Velazco la capital para ponerse al frente de sus fuerzas y establece su cuartel general en Yaguarón. Tenía previsto lanzarse sobre los porteños a orillas del río Tebicuary, pero desistió por falta de transporte, optando así en presentar batalla cerca del pueblo de Paraguarí, donde debían converger los contingentes movilizados al norte del país, reunidos en Barrero Grande, con los del Sur estacionados en los alrededores de Yaguarón.

El 19 de enero de 1811 se produce el combate y la arremetida inicial, por el centro de los expedicionarios obliga la vergonzosa huida del Gobernador con su Estado Mayor y los españoles enrolados en el contingente paraguayo, pero el contra ataque a los flancos de los Comandantes Cabañas y Gamarra convirtieron la derrota inicial, en victoria para los paraguayos.

Las derrotadas fuerzas del Belgrano, que son vigiladas de cerca por dos escuadrones de caballería, al mando de Fulgencio Yegros, se retiran lentamente hacia el Sur ante la escasa presión de los paraguayos, produciéndose en el trayecto intercambios de notas entre Cabañas y el jefe porteño. De vuelta al Tebicuary los invasores reciben refuerzos de 400 hombres de las milicias de Yapeyú, con su correspondiente armamento y equipo, y algunas compañías de Caballería de la Patria.

LA BATALLA

Para poder adentrarnos en los hechos, debemos primero enfocar nuestro estudio hacia la misión encomendada al jefe de las tropas paraguayas Tte. Cnel. Manuel Atanasio Cabañas, para lo cual citaremos la nota del gobernador Velazco de fecha 29 de Enero de 1811 en la que instruía "expulsarlos (a los porteños) a la otra Banda del Paraná o más allá (y) debe proporcionarnos la vía de comunicación con Montevideo y Portugal " podemos entonces enunciar su misión como: Atacar al ejército porteño de Belgrano y expulsarlo al otro lado del río Paraná con la finalidad de cooperar para el restablecimiento de las comunicaciones con Montevideo y Portugal.

Existía en ese momento un plan conjunto entre fuerzas portuguesas que debían ocupar las Misiones orientales y fuerzas paraguayas reunidas en Pilar que debían tomar por asalto Corrientes, punto clave para el dominio del río Paraná, con lo que las tropas porteñas que operaban en la zona quedarían acorraladas y se restablecerían las comunicaciones.

La situación existente en cuanto al terreno en su aspecto topo táctico, de acuerdo a los datos que hemos podido obtener se refieren a que el río Tacuary, angosto y profundo, que corre de Noreste a Sur, donde los porteños se habían establecido defensivamente en su margen izquierda, describía una curva entrante hacia la margen derecha de donde venía un camino que desembocaba en el único vado de fácil acceso a ambas márgenes. La vegetación de la zona comprendida al NE un bosque tupido y espeso flanqueados por pantanos (o esterales) jalonado en sus extremos por altos pajonales (o cortaderas), en el centro se extendía una planicie sembrada de verdes isletas de árboles enmarañados, y al sur un bosquecillo de arbustos y árboles pequeños. La única elevación consistía en una loma que sobresalía del terreno llano y que dominaba el vado.

El terreno tomado desde el punto de vista táctico dictaba que el bosque dificultaría la observación y el fuego enemigo, dando excelentes cubiertas y abrigos para intentar por ese lado el cruce del río, pero dificultando enormemente el desplazamiento, como vía de acceso podríamos decir que era la segunda opción.

El centro se hallaba bajo la observación y el fuego del enemigo con escasas cubiertas y abrigos, estando en poder del oponente la loma que dominaba el vado, pero ésta tenía sus márgenes de fácil acceso, lo que nos lleva a considerarlo como la primera opción, como vía de acceso. El sur también, bajo la observación y con buenos campos de tiro para el enemigo, con sólo algunas cubiertas y abrigos, oponiéndose el río como infranqueable obstáculo, por los pocos botes que se disponía para la transposición.

El enemigo adoptó un dispositivo defensivo ubicándose el Gral. Belgrano a la derecha, con el fin de economizar medios, elementos de vigilancia, para cuidar el camino a Itapúa a la altura de la capilla Tupa Ra' y consistente en una partida de 20 hombres. En el centro alrededor de 400 hombres de infantería y caballería, debían rechazar el probable choque frontal, reforzados por dos piezas de artillería que debían batir el vado y el camino que se prolonga en la otra margen, a la izquierda un número indeterminado de tropas reforzadas por dos piezas de artillería ocultas en el monte al mando del Mayor Celestino Vidal para hacer frente a los botes artillados paraguayos. En reserva se mantuvieron una cantidad no precisada de efectivos y dos piezas de artillería. El Puesto de Comando se ubicó en la casa de Bautista Anzoategui.

La composición y el valor de los porteños puede estimarse en 450 infantes, 400 de caballería y 50 artilleros sumando aproximadamente 900 hombres a los que hay que agregar 100 hombres más en Itapúa, apoyados por 6 piezas de artillería. El General Belgrano muy seguro de su posición sabía que el dominio del camino a Itapúa y la ciudad de Corrientes por las fuerzas de Buenos Aires impediría actuar conjuntamente a los dos últimos bastiones del españolísimo en el Río de la Plata como lo eran la Provincia del Paraguay y Montevideo y se abstuvo de esperar refuerzos y aguantar la embestida frontal sin que llegara a pasar por su mente que los paraguayos pudieran ser capaces de ejecutar una maniobra de envolvimiento, pues no eran para él más que "bultos" que se movían en el más completo desorden en sus maniobras y sus fuegos.

La División Cabañas contaba con mil hombres incluyendo al Destacamento del Comandante Blas José de Rojas y 200 hombres de Villarrica apoyados por 7 piezas de artillería formando también parte de esta División la vanguardia del Cmdt. Fulgencio Yegros con 2 escuadrones de caballería.

Reforzados por 400 hombres del Cmdt. Juan Manuel Gamarra y tres piezas de artillería adicionales, totalizando 1400 hombres y 10 piezas de artillería.

En la infantería, 5 compañías, las cuatro primeras llamadas de los cuarteleros y una quinta no identificada. La 1a. compañía al mando del Capitán Pedro Juan Caballero, la 2a. al mando del Capitán Antonio Tomás Yegros, la 3a. a cargo del Cmdt. García, la 4a compañía bajo las órdenes del Cmdt. José Mariano Recalde y una Compañía sin identificar al mando del Sub Teniente Pedro Pablo Miers.

Estaban armados con fusiles a chispa avancarga y de ánima lisa cuya longitud variaba entre 1,39 y 1,47 metros, con un peso aproximado de 4 kilos siendo los calibres más usuales de a 16 que representaba a la 16 ava parte de libra, tenían un alcance normal entre 100 a 150 mts y un alcance máximo de 400 mts; como arma blanca se usaba la bayoneta.

La caballería, como ya lo dijimos, estaba al mando del Cmdt. Yegros compuesta en su mayor parte por Urbanos (milicias locales) de la Cordillera, Villarrica, Villa Real de Concepción, Caazapá, armadas con pistolas a chispa avancarga y ánima lisa llevadas en el arzón, sables, espadas y lanzas de tres varas de largo.

La artillería estaba al mando del Cmdt. Pascual Urdapilleta. Actuaron como ayudantes, haciendo de estafetas montados a fin de transmitir las órdenes del Cmdt. Vicente Ignacio Iturbe y Antonio Mallada.

La concentración se produjo en zona de reunión, en el campamento, del que sólo sabemos que estaba ubicado en la margen derecha del río Tacuary cerca del vado, llegando las fuerzas del Cmdt. Gamarra en la mañana del 7 de Marzo de 1811.

Las operaciones no debían prolongarse por mucho tiempo debido a que se tenían problemas logísticos por la escasez de caballos, municiones de infantería y artillería, además de pocos víveres y medicinas.

La moral era elevada y la instrucción insuficiente, pero se contaba con la valiosa experiencia de combate adquirida en la batalla de Paraguarí.

Como apoyos se tenían 10 piezas de artillería de diferentes calibres de las cuales, por las escazas referencias que tenemos era de a 3 libras de peso de la bala, de a 6 libras y de 8 libras. Estos dos últimos calibres equivalentes a 89,7 y 98,7mm respectivamente. Pero con restricciones de munición.

Pese a que en este tiempo aún no existía personal de ingeniería, en el ejército se había encargado la construcción de un puente y un camino que lo uniera al campamento, del anciano Cmdt. de Caballería Luis Caballero. Se contaba además con una falúa y dos botes, todos artillados al mando de Cmdt. Ignacio Aguirre.

Si hacemos una comparación del poder relativo de combate veremos que la superioridad paraguaya no llegaba a la cifra mínima de 3 a 1, por lo tanto se imponía la maniobra.

Con respecto a las posibilidades del enemigo podemos descartar el ataque por no contar con los medios necesarios para vadear el río, su poco efectivo en personal, y su falso concepto que atribuía una superioridad numérica exagerada a las fuerzas paraguayas, también el repliegue, por lo estratégico de la posición.

Se hacía evidente que el curso de acción más probable del enemigo era la defensa, con pocas posibilidades de ser reforzado a muy corto plazo, además seguir defendiéndose en la loma que ellos habían denominado "Cerrito de los Porteños".

La posición defensiva era vulnerable por el bosque, debido a que el enemigo se hallaba concentrado en el centro, con poca movilidad para dar una respuesta inmediata a un movimiento ofensivo por ese sector.

Las medidas de coordinación y control no resaltan claramente de las fuentes documentales a que hemos podido acceder, sólo nos dejan entrever, por ejemplo que al amanecer la fuerza de fijación debía iniciar el fuego de artillería sobre el centro porteño, como medida de distracción y amarre. Las órdenes eran diseminadas por los estafetas y la directiva para los soldados de poner un ramo de laurel en el sombrero y una cruz de palma en la chaqueta para evitar confundirse con el enemigo, como había ocurrido en la batalla de Paraguarí, ya que la mayoría de la tropa no tenía uniforme, sólo los oficiales lo usaban, e iban vestidos de paisano.

Teniendo en cuenta lo expuesto con anterioridad podemos delinear dos cursos de acción con mayores posibilidades de ser llevados a la práctica y que en algún momento debieron de haber sido considerados por el comandante paraguayo.

El primero apunta hacia el ataque frontal a través del vado del río Tacuary que era sin lugar a dudas la mejor vía de acceso, la más rápida, la más directa, sin necesidad de cambios de dirección, la de más fácil control. Además, el vado era de fácil acceso por ambas márgenes y estaba más cerca del punto llave de la defensa enemiga, como lo era la loma que dominaba el vado, pero tenía como desventaja de que la mayor parte de las fuerzas porteñas se hallaban concentradas en este sector, así como su artille­ría, aparte que en el cruce del vado había poco espacio para el despliegue de las tropas y tendría que hacerse bajo la vista y el fuego del enemigo, que en caso de sufrir algún revés tendría muy a mano sus reservas para el contra - ataque, todo esto tendría como lógica consecuencia una enorme cantidad de bajas para el atacante, lo que unido a la precariedad logística podría llevar al fracaso de la operación.

En el segundo curso de acción, el envolvimiento por el bosque, tenía como toda operación sus desventajas como la menor rapidez por dificultar, el terreno boscoso, el desplazamiento, exige sigilo para que no sea descubierto antes de tiempo, no existe el apoyo mutuo entre la columna de envolvimiento y la fuerza de fijación, hay cambio de dirección en el ataque y es más difícil la coordinación y el control, pero vale la pena el riesgo si se tienen en cuenta sus ventajas como ser el poder realizar el cruce del río fuera de la vista y el fuego del enemigo, bajo la cubierta y el abrigo del bosque, la maniobra se dirige al punto más débil del enemigo donde a éste le tomará tiempo hacer llegar sus reservas y lo que es más importante, bien ejecutado, se podría llegar a obtener sorpresa.

Nos gustaría antes de proseguir el relato, dar algunos conceptos que nos permitirán apreciar mejor el contexto de la batalla y nos ayudarán a ver cómo se relacionan ciertos términos teóricos con el aspecto práctico.

En la maniobra táctica de envolvimiento: "se busca contornear las posiciones para caer lejos en su retaguardia (del enemigo) de modo a obligarlo a abandonar sus posiciones o desviar fuerzas importantes" pero cuál es el efecto psicológico que produce que el enemigo comparado con el ataque frontal, dejemos la explicación a un estudioso del tema como lo es Liddell Hart: "Un ejército como un hombre no puede defender propiamente sus espaldas de un ataque sin cambiar de frente para usar sus armas en una nueva dirección. Este giro desequilibra temporalmente a un ejército como lo hace un hombre, y con el primero el período de su inestabilidad es inevitablemente mucho más largo, en contraste moverse directamente sobre el oponente consolida su equilibrio físico y psicológico y consolidándolo se eleva su poder de resistencia, porque en el caso de un ejército, éste empuja al enemigo hacia sus reservas, abastecimientos y refuerzos".

En cuanto a la sorpresa que: "consiste en atacar al enemigo cuando, donde o de una manera para lo cual no esté preparado se puede lograr... mediante la rapidez, sigilo, engaño, variación de los medios y métodos y usando terreno del difícil acceso no es esencial que se tome al enemigo inadvertidamente, sino únicamente que éste se dé cuenta demasiado tarde para reaccionar eficazmente".

La maniobra y la sorpresa interactúan entre sí, pues los dos elementos reaccionan uno por el otro. El movimiento genera sorpresa y la sorpresa le da ímpetu al movimiento. Porque un movimiento que se acelera o cambia de dirección inevitablemente lleva consigo un grado de sorpresa aunque se le oculte, mientras la sorpresa allana el camino al movimiento impidiendo la adopción de contramedidas por parte del enemigo.

Cabañas optó por este último curso de acción y su plan consistía en utilizar un puente para cruzar el río y así poder envolver el flanco derecho enemigo y como el mismo lo dice en una carta dirigida al Gobernador de fecha 7 de Marzo "estoy resuelto desde mañana a comenzar mis hostilidades al enemigo y no darle cuartel hasta el sábado en que pienso meterlo dentro de tres fuegos... (el plan) es pasar por un puente... cuatro piezas de artillería y mil hombres y atacarlos de improviso si es posible de aquella parte y enfrente... (apoyados por) los fuegos de la falúa y dos botes que tengo apostados en la boca del Tacuary". Los mismos porteños reconocen la acertada determinación adoptada por Cabañas "El Jefe paraguayo había ejecutado la operación que la circunstancia aconsejaba, combinando su plan con gran prudencia y aprovechándose con bastante habilidad de los errores cometidos por el enemigo.

En la misma fecha coincidiendo con la llegada de las fuerzas de Gamarra, se terminó de construir el puente a una legua arriba del campamento, unido a éste por un camino, y estaba hecho de madera, que fue cortado por la noche y transportado al sitio de la obra, tenía como dimensiones 25 mts de largo por 3 mts de ancho.

Los comandantes Cabañas y Gamarra tuvieron una seria discusión, que de no haberse solucionado rápidamente hubiera retrasado las acciones y comprometido el éxito de la operación sobre la distribución de fuerzas. El recién llegado exigía mayor cantidad de fusileros y piezas de artillería para la columna de maniobra y disminuir los fusiles de la fuerza de fijación aumentándole, en compensación, la cantidad de caballería armada sólo de lanzas, porque consideraba que el enemigo no estaba en condiciones de atacar "por estar a nado no se expondrían al fuego de nuestros cañones". Cabañas por su parte, urgió que se pasase lo más pronto posible a la acción y advirtió que si no se llegaba a un acuerdo se irían consumiendo inútilmente los pocos medios con que se contaba y que el enemigo podría tener noticias del plan.

Se llegó al fin a una fórmula de solución acordándose que el elemento de fijación, al mando del comandante de Caballería Juan Antonio Caballero, se integraría con una compañía de fusileros (77 hombres), al mando del Sub Tte. Pedro Pablo Miers, tres compañías montadas de lanceros y cuatro piezas de artillería, estas últimas al mando del sargento Veterano Pedro Fernández.

La columna de maniobra compuesta por 1000 hombres y seis piezas de artillería inició la marcha el viernes 8 a las 23:00 hs más o menos y de un penoso desplazamiento por esterales y altos pajonales, alcanzó el puente a eso de las 02:00 hs. del día siguiente, al otro lado, por no existir camino alguno, se tuvo que abrir un pique en el bosque a fuerza de machete y sable para mover, a más de los hombres, los trenes y carros de municiones.

Recién al amanecer pudo cruzar la columna, con el siguiente orden de marcha, la vanguardia compuesta por la caballería de Yegros y el grueso integrado por cuatro compañías de fusileros seguidos por la artillería y cerraba la columna del destacamento del comandante Rojas.

Con los primeros rayos del sol se comenzó a oír el tronar de la artillería de Fernández y los cañones de los botes del comandante Aguirre, tratando de desviar la atención del enemigo, mientras se desplazaba la fuerza de maniobra venciendo el tupido bosque, pantanos y altos pajonales hasta salir a 500 mts de la capilla Tupa Ra'y, siendo detectados por elementos de vigilancia porteño, que se replegó precipitadamente, una vez ocupada la capilla, Gamarra ordenó al comandante Rojas que enviara exploradores sobre el camino a Itapúa para prevenir posibles acciones de las fuerzas de Rocamora. En ese momento se produce una primera baja con el fallecimiento en forma repentina del comandante Luis Caballero.

Siendo las 07:00 horas se detecta la presencia del enemigo. Belgrano había enviado apresuradamente, al mando del Mayor General José Ildefonso Machain, un contingente de 150 hombres de infantería, caballería y dos piezas de artillería, según versión porteña, sólo debía realizar un reconocimiento y replegarse al campamento en caso de toparse con el grueso de las fuerzas paraguayas.

El enemigo se a posicionó en tres islas, donde anteriormente habían establecido su campamento, ya que se hallaron con posterioridad en el lugar varias chozas abandonadas, frente a la capilla (según versión paraguaya) con tres cañones; uno de cuatro libras y dos de dos libras. La columna de ataque se desplegó ocupando la derecha la 2a compañía de fusileros y el destacamento Rojas, siéndole agregada la artillería del Alférez Francisco Guerreros. En el centro, la 3a compañía de fusileros con la artillería del Capitán José Antonio Zabala y a la izquierda la 1a y 4a compañías apoyadas por las piezas del Tte. Cnel. Miguel Feliu y la caballería, de la cual no tenemos referencias concretas, se ubicó posiblemente en los flancos, siendo acompañado el primer cañonazo con una fuerte gritería por parte de las milicias paraguayas.

La versión enemiga achaca a Machain la culpa de la derrota por haber desacatado las órdenes enfrentando de manera imprudente a la División Cabañas cuando ésta salía del bosque, extendien­do su línea en la planicie y apoyando sus flancos en dos espesas islas que fueron guarnecidas por tiradores.

Se desató un intenso tiroteo por ambos bandos, la infantería paraguaya desplegada a cuerpo gentil, sufrió la mayor cantidad de bajas en el transcurso de la batalla. Ante la difícil situación y el peligro de quedar sin municiones, decidió Gamarra lanzara la infantería al asalto, a bayoneta, y enviar la caballería, en los flancos, a rodear las islas.

En este choque murió el bravo comandante de caballería de las milicias costa arriba, Gervasio Acosta, por la metralla enemiga, destacándose otras proezas como la del jinete Juan Bautista Agüero que enlazó un cañón enemigo y arrastrándolo por el campo fue a presentarlo al Cmdt. Gamarra.

El enemigo, al verse cercado no tuvo otra opción que rendirse, apoderándose el Cap. Ignacio Insaurralde de dos cañones de bronce; uno de cuatro libras y otro de dos libras, un carro cubierto, y una pequeña carreta llenas de municiones y 120 prisioneros, entre ellos el Mayor Gral. Machain y seis oficiales quedando en el campo de batalla un número considerable de muertos y heridos. De esta derrota, según versión porteña, sólo se salvaron dos oficiales y un puñado de soldados que consiguieron regresara su campamento.

El Comandante de las fuerzas paraguayas, una vez que se cerró firmemente el cerco, envió al capitán José Antonio Zabala al Puesto de Comando de Belgrano con el mensaje de que se rindiese si no quería perder lo que le quedaba de su ejército, a lo que el jefe porteño contestó:" las armas del Rey no se rinden en nuestras manos, dígale usted a su jefe que avance a quitárnosla cuando guste."

Ante la escasa presión ejercida por la fuerza de fijación, que se limitó a disparar sus cañones, el General porteño decidió intentar un desesperado contra ataque a fin de romper el cerco, para lo cual redujo la defensa del vado a 26 milicianos de Misiones apoyados por un cañón de cuatro libras al mando del Sgto. Raigadia, que fue a reemplazar a los oficiales que habían huido cobardemente, y haciendo un recuento de sus fuerzas vio que sólo le quedaban 135 infantes, 100 hombres de caballería y dos piezas de artillería con mediana dotación.

Se encomendó el mando de la fuerza al oficial más antiguo que aún quedaba, el Cap. Pedro Ibáñez, recibiendo órdenes realmente temerarias, según relato del enemigo, de avanzar con la infantería y la caballería hasta ponerse a tiro de fusil, para rechazar o contener a los paraguayos.

Los expedicionarios avanzaron con la caballería en ambas alas dividiéndola en pelotones de 50 hombres y la infantería en el centro también dividida en pelotones, pasando la artillería a ocupar los intervalos, arrastrada a brazo por los sirvientes. Al producirse la aproximación a la línea paraguaya se desarrolló un intenso tiroteo. Belgrano ordenó la retirada ante el temor de una emboscada retornando sus hombres a ponerse al abrigo de su campamento del" Cerrito".

Pero la versión del lado paraguayo es totalmente opuesta y refiere a que se observó el avance de 50 infantes sin apoyo de artillería, formados en cuadro que avanzaban precipitadamente, al mismo tiempo que una caballería numerosa amenazaba nuestro flanco izquierdo. Para enfrentarlos se procedió a dirigir contra el atacante el fuego de artillería del capitán José Antonio Zabala, que luego de unos tiros fue suspendido, para que se pudiera efectuar una carga de los jinetes mandados por el capitán Pedro José Genes. Este acompañado por descarga de fusil de la infantería dio como resultado del breve encuentro, la muerte de muchos porteños cuyos cuerpos quedaron dispersos en el campo de batalla, sin que los paraguayos sufriesen baja alguna llamándoles más la atención a los soldados un venado que había salido de las islas, que la escaramuza con los enemigos.

Antes de realizarse el asalto final contra el campamento adversario se ordenó al Sgto. Fernández y al Comandante Aguirre intensificar el bombardeo sobre la posición enemiga, donde Belgrano, en la casa de los Anzoategui, se encontraba en la mayor consternación, dedicándose únicamente a quemar papeles (para lo cual mandó encender el horno) comprometedores para los partidarios de la Junta de Buenos Aires en el Paraguay. Su intendente José Alberto Cálcena y Echeverría en un ataque de desesperación salió corriendo de la casa, vestidos sólo de camisa y calzoncillo, y dirigióse a la margen del río Tacuary, donde se puso de rodillas y con las manos levantadas al cielo clamaba y pedía misericordia.

Los porteños izaron la bandera del parlamento, a cuya vista se ordenó el cese del fuego por el lado paraguayo, pero las tropas se mantuvieron formadas pese al calor, a la sed y de haber realizado el formidable esfuerzo de mantenerse 16 hs. en pie sin haber pegado un sueño. Después de una marcha de 8 hs. por el bosque, los esteros y la tupida maleza abriéndose camino a fuerza de machetazos, a lo que debemos agregar 8 horas de intensa tensión de combate.

Siendo las 15 hs. Se apersonó al campamento paraguayo el parlamentario enemigo Echeverría dispuesto a aceptar todas las condiciones que se le dictasen.

Gamarra propuso a Cabañas que los porteños entregasen todas sus armas y pertrechos, indemnización a los perjuicios que había causado la expedición a la Provincia del Paraguay, dejando sólo unos pocos fusileros para seguridad del jefe porteño, esta opinión era compartida por Yegros, Urdapilleta y toda la oficialidad.

El Comandante Cabañas, no hizo caso a la propuesta, aceptando términos muy favorables a los porteños, argumentando que éstos sólo habían venido a la Provincia del Paraguay "a auxiliarla de lo que ha resultado varias hostilidades, se retiraría al otro lado del Paraná con su ejército y dejará a la Provincia evacuada de toda invasión " resolviendo en su carácter de jefe de las tropas del Paraguay " convenir que siempre y cuando se convenga, no haber más hostilidades de armas, conceder a la proposición hecha por el Parlamentario, bajo dicho seguro principiará a marchar desde la mañana diez del corriente".

El día fijado luego de una gran lluvia, las huestes porteñas se retiran, como se había pactado, del paso del Tacuary hacia el río Paraná a eso de las 15:30 hs. pasando entre nuestras tropas formadas frente a la capilla Tupa Ra'y. El Gral. Belgrano a su paso, es saludado por Cabañas y toda la oficialidad paraguaya, marchando juntos cerca de una legua, despidiéndose con la mayor cordialidad.

El día 13 de marzo de 1811 se recibe con júbilo la noticia de la victoria en Asunción y para el día 18 se convoca a una misa en la Catedral para dar gracias a Dios por el triunfo y celebrar honras fúnebres en memoria de las quince vidas humanas que habían sido ofrendadas a la patria para salvarla de la opresión de Buenos Aires.

CONCLUSIONES

En esta Batalla en donde la maniobra de envolvimiento llevada a cabo por los paraguayos, puede considerarse como un modelo para la Historia Militar, por su brillante ejecución, a pesar de la escasez logística, los formidables obstáculos y la incertidumbre provocada por la poca información que se tenía del enemigo.

Debemos destacar también la extraordinaria capacidad táctica del Comandante Manuel Atanasio Cabañas, en la concepción operativa y en su firme y decidida conducción enfrentando con serenidad graves y riesgosas decisiones, aunque cuestionado posteriormente por su postura de dejar retirarse a los invasores cómodamente con sus armas y equipos, nadie puede dudar de que cumplió la misión que le fue encomendada, de expulsar a los porteños al otro lado del río Paraná, con el menor costo de vida posible.

También esta acción sirvió para demostrar la firme voluntad de la Provincia del Paraguay de mantener su autonomía, pero a su vez las benévolas condiciones de armisticio, debido a que por el lado paraguayo existían simpatías hacia las ideas de libertad e independencia, dan la prueba a Belgrano de que Buenos Aires no debía esperar ningún acto de agresión por parte de los paraguayos y el Vocal así lo hizo saber a la Junta porteña.

Además las Milicias del Paraguay se desempeñaron en el combate en forma impecable, demostrando valor y patriotismo.

Es importante el estudio de esta acción guerrera desde la óptica militar porque en ella se pueden palpar dos importantes principios de guerra que pueden ahorrar muchos sacrificios estériles, como lo son la maniobra y la sorpresa.

La maniobra que se utiliza generalmente para lograr el colapso del enemigo en forma rápida y barata, creando frecuentemente la impresión de una fuerza que no existe, al contrario del ataque frontal que no necesariamente conduce a la victoria, sino en la mayoría de los casos al agotamiento.

La sorpresa que se la podría considerar hasta si se quiere una cuestión sicológica, pero en los hechos, si es bien aplicada funciona en combinación con el movimiento y que es muy difícil de recrear en los ejercicios de campaña.

Para nuestro ejército basado en la baja densidad poblacional del país, pero de grandes virtudes guerreras, y una gran escasez de medios, el estudio profundo de estos principios pueden ayudarnos a formular una doctrina propia, en vez de calcar la de los países de gran densidad poblacional pero de limitadas cualidades guerreras, y alta industrialización para los que el único camino a la victoria es la apabullante potencia de fuego y el conteo de muertos causados al adversario. Esto, si coincidimos en que la doctrina es la combinación de principios de guerra, cuyo núcleo es la Historia Militar, que se mantienen inmutables a través del tiempo con las variables que representan la tecnología, las armas, la estructura de las fuerzas y la doctrina o postura de la posible amenaza.

 

Fuente:

Trabajo realizado por el Cnel. DEM Hugo Ramón Mendoza Martínez - Director del Instituto de Historia y Museo Militar del Ministerio de Defensa Nacional

Revista de las Fuerzas Armadas – Año LXXXV – Agosto 2000 – Nº 437 - Pág. 36 al 49

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DOCUMENTOS
ARCHIVO NACIONAL DE ASUNCIÓN
COLECCIÓN RIO BRANCO 151, 152, 153, 1512
SECCIÓN COPIAS VOL 20 -SECCIÓN HISTORIA VOL 196

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