Artículo escrito en 1967 por la Revista Clarín

Se conserva en Buenos Aires [1], en el Museo de Armas del Círculo Militar, la espada del Brigadier Fulgencio Yegros, Prócer y alma de la emancipación paraguaya. Allí está, cargada de años y de historia, en una gran vitrina donde están, también, otras espadas ilustres, entre ellas la de Facundo Quiroga. Y está allí porque fue rescatada por el celoso empeño del director del Museo, Dr. Fernando Jáuregui. Lleva el número 186 de catálogo, y antes de ingresar al patrimonio del Círculo Militar estaba en poder de un coleccionista y a punto de ser perdida.

Mucha gente que pasa delante de ella la contempla, pero pocos alcanzan a comprender lo que esa espada significa para el hermano pueblo del Paraguay. Es un jirón puro de su gloria que, si como decía el poeta latino: "...También viven las cosas cuyo encanto mortal penetra el alma...", debe añorar en cada atardecer volver a su tierra natal donde cortó, otrora, las cadenas que esclavizaban a su patria. La espada es bella y sencilla. Su empuñadura y los adornos de metal que alternan la vaina de cuero negro, son de plata cincelada, de evidente manufactura inglesa. Y lleva engarzada, algo toscamente, la hoja de buen acero paraguayo. En efecto, en la hoja se puede leer aún sobre uno de sus planos la inscripción: "Caraguaty - 1765", y en el otro: "Fulgencio Yegros", es decir, que fue confeccionada en ese pueblo del Paraguay, y en la época en que el abuelo del Prócer, el Capitán General Fulgencio Yegros y Ledesma, era Gobernador del Paraguay. Es decir, que esa espada fue de un ilustre Gobernador del Paraguay y luego de su primer Presidente.

Fulgencio Yegros

Es el Primer Padre de la Patria en el Paraguay. Como nuestro Saavedra fue el primer Presidente de la Junta Gubernativa surgida luego de las jornadas emancipadoras del 14 y 15 de mayo del 1811. Había nacido en el 1780, en Quyquyhó, en el sur del país. Como muchos próceres de la independencia americana provenía de una ilustre familia de la colonia. Era su padre el Coronel José Antonio de Yegros, famoso explorador del Chaco Boreal, y Gobernador de Asunción durante diez años, y su abuelo, el Capitán General Fulgencio Yegros y Ledesma, y su bisabuelo, el Maestre de Campo Don José Yegros, casado con una sobrina del mártir Fray Roque González de Santa Cruz, el evangelizador de los guaraníes. Digamos que nuestro Yegros era sobrino, también, del héroe de Chile, General O'Higgins. Ingresó Yegros en el ejército tras cursar sus estudios en el colegio de San Francisco, de Asunción, y fue uno de los pocos militares de carrera en el Paraguay de entonces. De Alférez, en el 1801, participó en la expedición contra los portugueses que habían invadido el territorio norteño de su patria. Y durante años luchó contra los invasores lusitanos, habiendo estado prisionero de ellos luego del combate del Fuerte San José. En el 1807 Yegros se encontraba en Buenos Aires cuando se produjo la segunda invasión inglesa, y se alistó en la defensa.

Era jefe de la frontera sur del Paraguay, con el grado de Capitán, cuando se produjo la Revolución de Mayo en Buenos Aires. Luego, la expedición de Belgrano de tan infortunado signo en lo militar, encontró a Fulgencio Yegros, como a todos los paraguayos, en la defensa de su tierra contra lo que consideraron una intromisión de Buenos Aires en su autonomía. Y Yegros, que se destacó en la Batalla de Paraguarí y Tacuary, fue un amigo corresponsal de Belgrano. Allí comenzó su gran transformación y el verdadero impulso que dio la Independencia al Paraguay.

Este momento de la vida de Yegros la describe quien muchas razones debió tener para conocer los hechos, es decir, Mariano A. Molas, su compatriota y amigo en la cruzada de Independencia. En su libro Descripción Histórica de la Antigua Provincia del Paraguay, dice: "Instruido allí por el referido Capellán (el del ejército), y por su hermano el Capitán Antonio Tomás Yegros que, con la comunicación familiar que tuvieron con el General Belgrano se habían instruido y cerciorado del verdadero objeto a que el pueblo de Buenos Aires y su Junta Gubernativa dirigían sus miras, e invitaba a los demás pueblos que formaban el extinguido virreinato del Río de la Plata, a un Congreso General, para que, reunidos en él, los diputados de las provincias determinasen y designaran el Supremo Gobierno que ha de regirlas en representación del Rey Fernando VII durante su cautiverio en Francia, eligiendo cada provincia por sí la forma de su gobierno particular que más le convenga. No necesitó más Don Fulgencio Yegros; abrazó cuanto propuso Belgrano, y se resolvió sin hesitación a contribuir por su parte al logro de la remoción del Gobernador Velasco".

Esto, además, corrobora lo que expresaba Belgrano en sus comunicaciones al Gobierno de Buenos Aires, en el sentido de que a pesar del negativo resultado militar de la expedición había nacido una verdadera amistad con algunos de sus vencedores, entre los que nombraba a Cabañas y a los Yegros. Así fue en realidad.

La revolución emancipadora del Paraguay estaba en marcha y Yegros era uno de sus puntales, que además de su prestigio militar y el encanto de su trato, que lo hacían sumamente popular, aportaba la fuerza de la guarnición de su mando, en Itapúa. En combinación con Cabañas, desde el norte del país iban ya a marchar sobre la capital, para deponer al gobernador del rey, cuando los acontecimientos se precipitaron en Asunción, por la llegada del emisario portugués José de Abreu, que en tratos con el Gobernador Velasco iba a poner al Paraguay bajo la protección de ese país. Pero Caballero, Iturbe, Francia, Molas y otros patriotas desencadenaron los sucesos en la noche del 14 de mayo del 1811, y Fulgencio Yegros fue llamado desde Itapúa para ser ungido el Presidente de la Junta de Gobierno. "ES DECIR, FUE EL PRIMER MANDATARIO QUE TUVIERON LOS PARAGUAYOS EN SU VIDA INDEPENDIENTE". Su gestión, difícil y llena de ríspidos acaeceros, está, sin embargo, señalada por hechos trascendentes, tales un reordenamiento administrativo, la creación de escuelas, la abolición de los tribunales ideológicos y la defensa celosa de la autonomía paraguaya, destacándose el tratado con Buenos Aires del 12 de octubre del 1811, que establecía que ambos países quedaban mutuamente independientes y que los límites del Paraguay serían respetados.

En el 1813 un nuevo Congreso Nacional transformó la Junta en un Consulado, y a su frente colocó nuevamente a Fulgencio Yegros. Lo acompañaba su pariente y amigo, el Dr. Gaspar Rodríguez de Francia, y a ellos se debió que fuese el Paraguay el primer país de América que se declarase independiente de la metrópoli y se diese su propia bandera y una Constitución. Al concluir su gestión de gobierno se retiró a su vida privada. A su Quyquyhó natal, a ejercitar las tareas rurales y a vigilar la marcha de la patria como un Cincinato. Pero el prestigio de Yegros era enorme entre la gente de la ciudad y la campaña. Llano, afable, su señorío y su alcurnia lo tornaban un poco el padre y el consejero de los que se allegaban hasta él. La estancia del Brigadier fue, a poco, una obsesión para el Dr. Francia, ya erigido en dictador del Paraguay. En el año 1820 lo llamó a Asunción para que lo apoyase ante la inquietud popular. Y Yegros fue. A partir de entonces comenzó a desatarse el drama. Meses después fue acusado de conspirar contra la vida de Francia, junto a Caballero y otros próceres de Mayo. Luego, lo que pasó tantas veces con los fundadores de naciones en esa época de América. Un juicio, sin más defensa que un milagro. Una sentencia, sin más apelación que una oración, y la ejecución, triste y cruel.

Al Brigadier Fulgencio Yegros lo fusilaron en la mañana del 17 de julio de 1821. Al pie del naranjo plantado frente a la Casa de los Gobernadores, y en la presencia del dictador Francia. Murió como no había vivido, con pena y sin gloria. Nunca se supo el destino de su despojos. No se sabe hoy dónde yace. Y fue el Primer Presidente del Paraguay independiente. En el Panteón de los Héroes, de Asunción, un lugar de honor permanece vacío. Pero si, como creemos, en esa espada que acompañó a Yegros en la epopeya de la libertad de su país está representada su alma de Padre de su Patria, creemos que bien pudiera estar ella en el corazón de Asunción, que nunca un Museo argentino habrá sido más generoso con una Nación hermana, que el día que envíe esa hoja de acero para que luzca en la tierra de donde salió un día a liberar a un pueblo.

Vivo símbolo de las luchas por la Independencia del Paraguay, el arma que usara un día Fulgencio Yegros y que se encuentra en Buenos Aires recuerda su valor y su generoso heroísmo en la permanente defensa de su Patria.

[1] La Espada del Prócer Fulgencio Yegros fue devuelta por el Presidente Argentino General Juan Carlos Onganía en Noviembre de 1969, con la participación del bisnieto General División Fulgencio Yegros Girola invitado por los Presidentes de la Argentina y el Paraguay (Generales Onganía y Stroessner), hoy se conserva en la Casa de la Independencia en Asunción - Paraguay.

Fuente:

Revista Clarín. Buenos Aires, domingo 2 de Julio de 1967, pág. 36 y 37.
Por Enrique Walter Philippeaux
Dibujo realizado por A. M. Paz

Prócer Fulgencio Yegros © 2007 Reservados Todos los Derechos Aviso Legal y Condiciones de Uso