Era una mujer de temple, tuvo que soportar su dolor con estoicismo durante los trágicos días del presidio y ejecución de Fulgencio, que duró un poco mas de un año en las mazmorras de la cárcel, en el cuartel de San Francisco, bastión de la guardia personal del Dictador, donde el celebre Policarpo Patiño inmortalizado por Roa Bastos manejaba la sala de tormentos. Fulgencio fue engrillado y terriblemente torturado, Doña Facunda estaba informada, día a día del trato que le daban a su esposo, a través de su fiel Sargento Giménez, pero jamás se humilló ante el tirano.

En ese inmundo lugar, el Padre de la Patria fue inmolado, pese a que oficialmente fue fusilado bajo el famoso naranjo ubicado frente a la casa de los Gobernadores, sin embargo, en familia siempre se comentó que fue lanceado por el ya citado intrigante y obsecuente amanuense del Dictador, porque el Prócer se negó a firmar el sucio papel de confesión.

Ocurrido el hecho, Doña Facunda pidió que le entregaran el cuerpo de su esposo, para velarlo y darle cristiana sepultura, pero el tirano con su acostumbrada soberbia, ordenó que decapitaran el cadáver y como consuelo le enviaran su cabeza. Su hija Damaza, muy niña aun, al ver el horrendo espectáculo exclamó quien iba pensar que el hombre a quien un día lo llamábamos tío Gaspar, sea hoy el verdugo de mi padre.

Al atardecer, Doña Facunda fue echada de su domicilio a empellones, por los indios payaguaes y los esbirros del dictador. Le confiscaron su casa y fue confinada a Santa Bárbara, su estancia ubicada en Quyquyhó.

Ese fatídico día de Julio, doña Facunda con sus tres hijos, muy niños aún y otro a punto de nacer, abandonan la casa familiar ubicada en la parte trasera de la actual Catedral de Asunción e iniciaban peregrinaje por las calles desiertas de la Ciudad. Puertas y ventanas trancadas, solo algunos ojos a través de cerraduras o rendijas los vieron pasar, pues no tenían lugar donde refugiarse. Era ya tarde y la noche se presentaba fría y obscura y los niños tenían los ojos enrojecidos de tanto llorar y la impotencia les arañaba la garganta. Por fin doña Juana de Lara los acogió en su casa para que tuvieran un lugar donde pasar la noche.

De inmediato Doña Facunda emprende el viaje hacia su confinamiento en Santa Bárbara - Quyquyhó y desde ese momento se produce un largo paréntesis, donde ajena a todas las vanidades de la vida, luce complacida su orgullosa pobreza, convencida que para una mujer cabal nada significan los halagos, ni las fáciles satisfacciones de índole material, excepto los preciados documentos del Prócer, entre los que se citan, las partidas de nacimiento de sus hijos firmadas por el y la poesía que ya se hizo inmortal.

Durante dicho lapso no sabemos nada de ella, excepto una fascinante historia de amor. Doña Facunda tuvo que hacer un viaje subrepticio a Villarrica, a la estancia familiar de los Speratti y Uriburu donde vivía su viudo hermano, el joven y apuesto don Tomás Manuel. Vecino a su campo estaba la “Estancia Itaibú” de los Larramendi Lemos, donde vivía la hermosa Patricia, que estaba perdidamente enamorada de Speratti, quien solicitó la venia del Dictador para casarse, pero el cual como podía esperarse prohibió dicha boda por tratarse del hermano de Doña Facunda. Sin embargo, el casamiento se realizó en forma secreta el 1 de Junio de 1824. Apadrinaron la boda, por parte de la novia uno de los Lemos, pues su padre Don Juan de Larramendi y Chavarrieta estaba en prisión y por parte del novio su hermana Doña Facunda Speratti vda. de Yegros.

Don Carlos Antonio López, en el Congreso Nacional del 13 de Marzo de 1841, hizo público su desagravio a los Próceres de Mayo y devolvió a sus familiares los bienes confiscados bajo la dictadura. A partir de ese momento, se vuelve a saber algo de ella, a través de unas cartas que Doña Facunda mantuvo con su hijo Rómulo José, que vivía en Asunción con su tía Carmelita Speratti de Martínez Sáenz, en esta casa. Estas cartas se conservan en familia y abarcan un periodo de 16 años, entre 1845 y 1861, época en que ella posiblemente murió

Todas estas cartas fueron escritas desde Quyquyhó y además todas eran de carácter familiar. Sin embargo, se prestan para inferir el carácter de Doña Facunda y la calidad de su educación observando el lenguaje empleado en su relacionamiento familiar, donde se prueba, que a falta del hombre, ella era el centro neurálgico del hogar y que además era una persona cariñosa y preocupada de la suerte de los suyos.

También era muy católica y respetuosa de los sacramentos de la religión, en ese sentido, en sus cartas, solía hacer alusión al Santísimo Sacramento y a la Divina Misericordia e indefectiblemente le echaba la bendición a su apreciado hijo, en sus despedidas epistolares.

Doña Facunda era devota a San José, lo demuestra el hecho, que ella y tres de sus cuatro hijos llevan el nombre alusivo al Santo, además hay una carta del 28 de Marzo de 1847, donde le manifiesta su alegría al enterarse que había recibido el Santo Sacramento de la Confirmación y mucho más aún, porque se realizó el día del Patrón San José y porque su padrino fue el Cura Párroco de la Santa Catedral de la República.

Las cartas confirman que vivía en Santa Bárbara, con su hija Damaza y su hijo Ángel Ignacio, a quien cariñosamente lo llamaba Angelito. Doña Facunda hablaba nuestro dulce idioma Guaraní, hay pruebas en sus cartas, porque usaba términos como el techagaú y el mboyoyaha-í, cuando hacia alusión a la tristeza por la distancia que la separaba de sus seres queridos.

Hay una carta muy linda del 31 de Julio de 1851, donde le manifiesta a Rómulo su alegría por su feliz llegada, hay que recordar que en esta época el había cumplido una misión oficial al Brasil, siendo portador de notas intercambiadas de estado a estado, en la misma, acotaba también la misma alegría, porque los resultados logrados, fueron del agrado del Señor Presidente de la República, en ese momento Don Carlos Antonio López.

El 26 de Mayo de 1861 escribió la última carta que tenemos registrada en nuestro archivo familiar, pero esta se dirige específicamente a su nuera Doña Ursula Urbieta de Yegros, esposa de Rómulo José, a quien la trata de apreciada hija.

En ella, dado que recién se habían casado, le recuerda un proverbio que dice “casamiento y mortaja del cielo bajan”, como diciendo que el matrimonio es una selección divina y además es eterno, solo la muerte los separa. Para ambas, este refrán se cumplió fatalmente, pues las dos perdieron a sus maridos en plena juventud, padre e hijo murieron por la patria.

En otro párrafo de la misma carta, Doña Facunda le hecha una bendición a su nuera y le recuerda que hay tres cosas que le agradan a Dios: la concordia entre hermanos, el amor al prójimo y la perfecta unión entre marido y mujer.

Con todo lo expuesto concluimos, que Doña Facunda fue una mujer auténticamente paraguaya y también fue padre y madre, pero por sobretodo madre como lo saben ser las mujeres de esta tierra y con eso basta y sobra para que ella ocupe un lugar de honor en esta casa, porque justicieramente le corresponde por haber sido, la Primera Dama, de esta queridísima República del Paraguay.

Y termino mis palabras diciendo: que esta querida Casa, porque justicia y nobleza obligan, deben estar presentes, juntas con Doña Facunda, todas las mujeres de la independencia, porque son las madres de la patria, porque ellas conformaban el motor espiritual de la revolución y porque su presencia, su entusiasmo y su corazón, constituyeron el factor determinante del éxito, entre ellas Doña Juana de Lara, que ya está aquí, y en nombre de todas citaré a la dueña de casa, Doña Carmelita Speratti de Martínez Sáenz, Doña Juana Mayor de Caballero, Doña Luisa Bernarda Echagüe de Iturbe, Doña Josefa Antonia Cohene de la Mora, Doña María Teresa Franco de Yegros, primera esposa de Antonio Tomás Yegros, para citar solamente a las esposas de los patriotas que tuvieron mayor responsabilidad en la noche del Golpe. Sin embargo, debo aclarar que les quedo debiendo los nombres de las esposas de los Comandantes de Guardia de los tres Cuarteles insurrectos en la noche del 14 de Mayo de 1811, Alférez Mauricio José Troche del Cuartel de la Plaza, Teniente Juan Manuel Iturbe del Cuartel de la Maestranza de Artillería y Teniente Juan B. Acosta del Cuartel de la Rivera, pues en mi limitada fuente de información privada, no pude encontrar sus nombres. Muchas Gracias.

Así como el rito religioso prescribe a los fieles consagrar determinados días al culto sacro, del mismo modo el culto cívico debe dedicar ciertos días, como este, para elevar el pensamiento a la patria y a los patriotas que la hicieron posible, de manera a honrarla y para instruirnos y reconfortarnos con las enseñanzas saludables que devienen de su ejemplo.

Los descendientes del Brigadier General Fulgencio Yegros y del Capitán Antonio Tomás Yegros, aceptamos con beneplácito la invitación y nos adherimos jubilosos a este solemne acto, en el entendido, que su propósito es honrar la memoria de los Padres de la Patria, quienes en un día como hoy, hace 189 años y en aras de un ideal libertario, nos legaron esta hermosa República del Paraguay.

Cada vez que llego a esta casa, me produce una profunda emoción porque sé que aquí Nació la Patria. Este solar es una reliquia nacional que data de 1772, tiene 228 años de existencia y posiblemente sea el último vestigio colonial de la Ciudad de Asunción, por lo tanto, todos tenemos la obligación de amarla y cuidarla.

Nuestra familia interpretando el esfuerzo que realizan los funcionarios de la Casa de la Independencia, por conservar y preservar el patrimonio histórico de la patria, viene a sumarse a ese afán, trayendo una fotografía de nuestra tatarabuela, la viuda del Prócer Fulgencio Yegros, doña Josefa Facunda Speratti Uriburu, huésped de esta casa durante los días aurorales de la revolución libertaria.

El propósito de este aporte, es que la presencia femenina plasmada en este retrato que hoy depositamos en la Casa de la Independencia, venga a enriquecer el ornamento de sus viejas paredes, por ser la mujer el símbolo de la familia paraguaya y este, el fundamento más sólido de nuestras raíces.

Me pidieron que haga una semblanza de la Novia de la Independencia, doña Josefa Facunda, una de las celebres mujeres que acompañaron a los jóvenes insurrectos, durante el proceso de gestación y ejecución del Golpe de Mayo de 1811. Honor que tratare de cumplir en la mejor forma posible.

Dada la exigua importancia de la mujer en esa época, hay muy poca información oficial sobre esta señora, excepto una nota dirigida al Gobierno en Agosto de 1812, que mencionaremos en otro párrafo. Sin embargo, nuestra familia mantiene unas cartas familiares, a las cuales nos referiremos mas adelante y quizás puedan explicar algo más de las facetas de su vida.

Doña Josefa Facunda era hija de don Pablo Speratti y de doña Juana Uriburu, se caso seis meses después de la declaración de la Independencia con Fulgencio Yegros, la felicidad fue muy corta, duró solamente nueve años, pues Fulgencio fue ejecutado el 17 de Julio de 1821, cuando apenas alcanzaba los cuarenta. Al decir del Dr. Carlos R. Centurión, cayó aquel día aciago, con la magnitud de una fuerza que había cumplido su destino.

Pese a la efímera duración del matrimonio Yegros Speratti, llegaron a tener cuatro hijos, Anunciación, casada con Pedro Vicente Moreno; Josefa Damaza, que no tuvo descendencia; Rómulo José, casado con Juana Ursula Urbieta Recalde y Ángel Ignacio.

Doña Facunda era una mujer valiente, correcta, desinteresada, honesta, virtuosa y además femenina y hermosa, nada le faltó para representar en nuestra sociedad el papel que todos le reconocemos: como esposa y madre ejemplar.

Se cuenta en familia, que cierta vez, al volver ella de la iglesia, un soldado que la vio, quedo prendado de su belleza y donaire. No encontrando palabras adecuadas con que expresar su admiración dijo: “Adiós che Tupasy”. Teniendo en cuenta la delicadeza del piropo y de quien provenía, doña Facunda contó el episodio a Fulgencio. Al día siguiente hizo formar la tropa y preguntó, quien piropeó ayer a la Primera Dama. Un silencio rotundo fue la respuesta. Luego comentó, que por lo visto no era el único que sabia valorar la belleza de su gentil esposa.

Doña Facunda era una mujer patriota, cívicamente activa e instruida, lo prueba un documento que presentó al Gobierno en 1812, con motivo de la ocupación del Fuerte de Borbón por tropas portuguesas. Extractamos parte de la carta que decía así:

La defensa de la patria es tan natural a la criatura humana como el deseo de su existencia. El hombre libre no nació para si solo, sino para su patria.

Mi sexo no me permite salir al campo del honor, y deseando estar en él, encontré el secreto de verificarlo en el corto donativo de 25 pesos mensuales durante la expedición, para que se invirtiesen en aquellos gallardos jóvenes que con denuedo y bizarría se distinguiesen en las acciones que se presentasen.

Dígnese Vuestra merced pasar orden al Ministro Tesorero General de la Real Hacienda don José Elizalde, descuente de mi esposo los 25 pesos de este mes presente, Agosto. Esta es mi voluntad expresa, y este el consentimiento, de lo ya dicho esposo.

Sírvase Vuestra Merced dispensarme esta oferta, pues fuera mayor sino fuesen tan limitadas mis facultades. Pero yo en todo tiempo estoy dispuesta a socorrer siempre a mi patria en sus apuros, aun que quede sujeta a la sola reacción de mi amable esposo.

CARTA HISTÓRICA

De Josefa Facunda Speratti V. de Yegros a su hijo Rómulo José Yegros 

Esta carta que a continuación transcribo constituye un precioso elemento de juicio sobre el amor que se profesaban madre e hijos, más el hecho interesantísimo de que Fulgencio Yegros, propugnaba por la desaparición de la esclavitud en nuestra patria.

Quiquió, Diciembre 14 de…(roto)

Mí amado hijo Rómulo: te participo que hace dos días qe. nos juntamos todos los parientes en lo de tu tío Tomás pa. el nombramiento de un Depositario de resultas de algunas disensiones que tuvimos cuando manifesté la voluntad de tu padre Fulgencio al respecto de la manumisión de ciertos esclavos y yo propuse la manumisión de todos ellos recordando que él siempre me decía que uno de los fines esenciales de la Revolución de la Independencia nuestra, era la de hacer desaparecer la esclavitud en todo el Paraguay, de aquí resultó qe. fue nombrado el citado tu tío de Depositario pr. escrito y tu tío Roque de Juez advirtió pa. las particiones yo también asentí el qe. lo fuese pr. parte de tu hermano Angelito y de Damaza previniéndoles allí en el acto del nombramiento que tú y tu hermana………….harían el mismo nombramiento en caso qe. fuese del agrado de vosotros, cuando se trató sobre qe. tu tío Roque fuese el Juez de las particiones se trató qe. sería acompañado de Miranda acto………….pr. el escrito y no sé si sería preciso qe. con la brevedad posible procures hablar con tu hermano Perico para qe. consulte sobre esto con personas inteligentes antes qe. tu tío Tomás hable con vosotros pr. qe. el mañana o pasado piensa ponerse en camino pa ésa y les encargo a los dos qe. no se den pr. entendido a tu tío de esta carta a menos qe. les fuesen necesario pero nunca le muestren esta carta no sea que crea el qe. yo tengo alguna desconfianza de lo tratado. Yo creo qe. les mostrará el Papel qe. se ha trabajado aquí y allí verán qe. no está nombrado Miranda y pr. última vez te digo qe. yo y tus hermanos disfrutamos de una completa salud mediante la Providencia Divina tu hermano Angelito piensa ir a verte pasado el año nuevo darás expresiones de mi parte a la hermana Carmelita y a Anunciación y a Josefa y manda a esta a tu Madre qe. Salud te desea.

Josefa Facunda Speratti

Observación: Trascrito tal cual está en la carta con el castellano de la época

 

Fuente:

Discurso del Ing. Agr. Fulgencio Yegros Semidei, Tataranieto del Prócer en el año 2000 con motivo de la entrega del retrato de Doña Facunda Speratti y Uriburu a la Casa de la Independencia.
Rogelio Urbieta Valdovinos - Libro Independencia o Muerte 1940
El original de estos documento obra en el archivo de la familia Yegros

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