ANTECEDENTES

España, bajo la dominación napoleónica, incapacitada para el gobierno eficaz de sus colonias en América y debilitada para ayudarlas económicamente, da motivo para que el Virrey del Río de la Plata declarase el comercio internacional libre, valiéndose de este medio para obtener recursos, y consiguiendo los ingleses con tal resolución vender las mercaderías que habían transportado sus barcos que se hallaban atracados en el puerto de Buenos Aires.

Así las cosas, y con la evidente impotencia de España, menoscabada en su autoridad gubernativa y en su capacidad monárquica, al grito de España ha caducado se produjeron movimientos emancipadores en las principales capitales de América, organizándose juntas revolucionarias, las cuales asumieron caracteres de grandes movimientos populares.

En este estado, a este lado del Océano se instala el Virreinato del Río de la Plata, el 25 de mayo de 1.810 y una Junta que gobernaba en nombre del Rey Fernando VII, destituyó al Virrey Cisneros.

La misma Junta despachó al Paraguay al Cnel. José Espínola y Peña, paraguayo, que por in conducta había sido depuesto de su cargo de Comandante de la Villa Real de la Concepción. Este señor se había plegado al movimiento de Buenos Aires y de allá fue despachado al Paraguay en desempeño de un cometido que él asumía gustoso, porque imaginaba que por ese medio retomaría el poder del cual fuera privado. Traía doble misión, ostensible una y reservada la otra.

La primera consistía en entregar al Gobernador Bernardo de Velasco una nota fechada el 27 de Mayo, en la que dicha Junta pedía el reconocimiento de su autoridad sobre el Paraguay y solicitaba el envío de diputados que fuesen a participar en sus deliberaciones. La segunda contenía instrucciones impartidas al mismo comisionado para el caso de que el pedido incluido en la primera fuese desairado por el Gobernador. En este último caso, Espínola debía entenderse con el Cabildo asunceno y una vez de acuerdo con esta corporación, depondría a Velasco y asumiría el mismo el gobierno de la Provincia. Pero la torpeza con que el comisionado Espínola y Peña actuó al iniciarse en el cumplimiento de su cometido vidrioso, reveló el plan y frustró el propósito prematuramente, arruinándoselo todo.

El 24 de julio fue reunida una Asamblea General en el templo principal de la Asunción, en donde los asambleístas resolvieron: "Que se observase una amistad fraternal con la Junta de Buenos Aires, sin reconocerlo superioridad, que se esperasen ulteriores decisiones de España y que entre tanto se procurasen todos los medios militares para poner la Provincia en defensa".

La Junta de Buenos Aires, ya al tanto de la orientación política que el Paraguay iba a seguir creyó llegado el momento propicio para emprender los procedimientos violentos que según tenía entendido, podría tener por resultado la sumisión de la Provincia mediante un sometimiento militar. Para el efecto, el 24 de setiembre envió una expedición al mando del General Manuel Belgrano, quien salió de Buenos Aires en Agosto de 1.810, con el especial encargo de obtener la conquista de la Provincia rebelde.

Belgrano con un ejército de 1.400 hombres, incluyendo las tropas del Cnel. Rocamora, quien ejercía el cargo de Teniente Gobernador de Yapeyú, más 6 piezas de artillería, llegó a Candelaria el 15 de diciembre de 1.810. Allí permaneció hasta el 19 del mismo mes, día en que a las 03:30 hs. hizo el pasaje de sus tropas por el lugar llamado Campichuelo, una legua más arriba de Itapúa bajando a este lugar el día 20 a las 18:00 hs., después de un viaje de 2 horas más o menos.

Dado el éxito con que hizo el pasaje del Paraná y la fácil ocupación de Itapúa, Belgrano avanzó entusiasmado por la débil resistencia que le ofrecían los paraguayos, incursionando con rapidez hacia el interior de la Provincia. El 15 de enero de 1.811 llegó Belgrano al cerro Mbaé (Cerro Porteño), pasando por el arroyo Caañabé.

En tanto, Velasco formó una Junta de Guerra y ésta acordó enviar al mismo Gobernador a las Misiones, a la otra banda del Paraná, para extraer de ellas las armas disponibles que hubiese.

Antes de partir "...mandó desocupar el colegio seminario para cuartel general; cerró el puerto y pertrechó algunos buques y los destinó a guardar la boca del río Paraguay. Confinó a Borbón a algunos ciudadanos y a un eclesiástico que se habían insinuado adictos al sistema de Buenos Aires. Y habiendo puesto en movimiento todos los resortes que creyó propios para poner en estado de mediana defensa a su Provincia inerme marchó aceleradamente, escoltado de cien hombres al Paraná, hasta el pueblo de Candelaria, dejando en su lugar en la Asunción al Cnel. de Milicias de Costa Arriba D. Pedro Gracia, comandante político y militar de la villa de Ycuámandyyú, para que en su ausencia activase el alistamiento y acuartelamiento de tropas, como lo verificó, creando y nombrando oficiales hasta el grado de Capitán".

A mediados de octubre de 1.810, volvió el Gobernador a Asunción con las escasas armas que encontró en Candelaria y demás pueblos jesuíticos, prosiguiendo después sus preparativos guerreros. Mientras eran reorganizados los regimientos con nombramientos de oficiales que llenaban las vacancias con "urbanos" convocados, "habilitaban fábricas de las armas accesibles a la rudimentaria industria nacional' lanzas, machetes, cuchillos y boleadoras".

Así también se gestionó en Uruguay y Brasil la adquisición de sables, carabinas, pólvora, pero sin resultado, debiendo Velasco repartir las pocas armas de fuego que había en la Provincia, a las unidades cuyo efectivo total apenas alcanzaba a 700 plazas.

La firme voluntad de no someterse a la Junta bonaerense, causó aquí descontento a los partidarios de los porteños, deseosos de que el Paraguay se subordinara a la nueva autoridad surgida en aquella metrópolis, máximo todavía cuando que el Congreso del 24 de julio "autorizó al Gobernador a formar un ejército para resistir a Portugal y que hasta entonces todas sus medidas iban encaminadas a impedir la invasión porteña".

En verdad, para la organización de los cuadros de oficiales y tropas de estos regimientos no se tuvo en cuenta la disposición de la Real Cédula, que con el nombre de "Real Reglamento para las Milicias Disciplinadas del Virreinato de Buenos Aires", disponía que estos regimientos contasen con 1.200 hombres cada uno, porque la Provincia no disponía de los armamentos necesarios para cubrir tantas plazas, siendo así que estos regimientos apenas sí contaban con algunos centenares de tropas urbanas, que eran todas empleadas para guarnecer la frontera de Costa Arriba y Costa Abajo, más otros servicios de reducción.

Del informe que el Gobernador Velasco había enviado al Virrey Cisneros el 15 de Marzo de 1.810, se desprende, además de otras consideraciones, que las tropas eran indisciplinadas, que no contaban con una instrucción militar adecuada, que vivían y se mantenían por sus propios medios y lejos del control de sus oficiales. Aún más, todas las guarniciones cuya misión era defender la frontera, se veían imposibilitadas para el fiel cumplimiento de dicho encargo, dado sus extensas jurisdicciones y la carencia de tropas, armamentos, elementos de transporte, abastecimientos, etc.

En cuanto al alistamiento de los voluntarios, es de mencionar que al primer llamado los paraguayos se presentaron inmediatamente. Al respecto el mismo Gobernador escribía en su informe: "Como si un rayo hubiera herido los corazones de estos incomparables provincianos, me hallé a los dos días de haber hecho circular los avisos con más de 6.000 hombres dispuestos a derramar la última gota de su sangre, antes que rendirse".

En Yaguarón y Barrero Grande llegaron a reunirse aproximadamente 3.000 hombres, que fueron agrupados en los dos regimientos de Caballería antes citados.

De todas estas tropas regulares que se llamaban tropas regladas, solamente alrededor de 500 hombres tenían armas de fuego (carabinas y pistolas). El resto del ejército paraguayo no disponía sino de lanzas y boleadoras.

Según inventario de armas practicado en 1.810, la Provincia del Paraguay contaba en esa época con las siguientes armas:

Fusiles de Ordenanza en buen estado 220
Fusiles de varios calibres medianos 88
Fusiles de varios calibres inútiles 100

A estos fusiles hay que agregar lo que Velasco trajo de Candelaria y que según un testigo fueron muy pocos. Si todos los elementos con que contaba el arsenal paraguayo apenas llegaban a 400 piezas no es posible suponer que en aquellos pueblecillo insignificantes y desguarnecidos hubieran más de lo a 20 fusiles. El número de 500, es pues, hasta cierto punto exagerado.

La artillería se componía de 18 cañones, en estado de servicio, 14 de ellos medianos. Las demás piezas eran inútiles. Habían además, 6 pedreros, de los cuplés sólo uno era servible.

Para la oficialidad y la caballería sólo había 21 pistolas, 169 espadas y 200 sables.

Ante tal circunstancia, el 18 de diciembre de 1.810 Velasco lanzó una proclama expresando que no obstante la falta de armas de fuego, el éxito sería logrado mediante el empuje de la caballería criolla. "Vuestras lanzas son todavía más temibles". Soy viejo en la guerra y conozco cuanto vale esta clase de armas manejadas oportunamente por manos como las vuestras", afirmaba el Gobernador.

En número, el ejército paraguayo era superior al enemigo pero en armamentos, muy inferior al mismo.

Las tropas de Belgrano, compuestas de 1.100 hombres, estaban armadas todas de fusiles y pistolas, inclusive las tropas de artillería, que también tenían fusiles y pistolas, aparte de las armas propias.

En términos generales, puede decirse que nuestros dos Regimientos de Caballería de tropas regladas contaban con armas de fuego y todas las unidades de Urbanos carecían de ellas.

De esta manera y en estas condiciones los paraguayos se aprestaban a defender la Provincia contra la invasión porteña.

En conocimiento del avance de Belgrano, Velasco concentraba sus tropas en Paraguari y allí se dispone enfrentar al enemigo, acampado en la ladera norte del cerro Mbaé, que desde entonces y por haber sido ocupado por los expedicionarios es llamado también Cerro Porteño.

Belgrano concentra sus fuerzas en el lugar indicado y observa los movimientos de las tropas paraguayas las cuales, por el desorden, con que los estaban efectuando, sólo merecieron el desdén del jefe porteño, quien llegó a expresar en su Memoria: "Siempre observaba el mismo desorden en sus formaciones y en sus fuegos, y no me causaron el más leve daño. Esto me hizo resolver el atacarlos". Desgraciadamente aquel seudo vencedor no se daba cuenta cabal de la infausta suerte que le estaba deparada.

Tres días permanecieron frente a frente los ejércitos contendores, observándose y acechándose mutuamente a través de interminables patrullas, hasta que al amanecer del 19 de enero de 1.811 se produce la batalla de Paraguari, ocasión en que al primer ataque del enemigo, Velasco huyó vergonzosamente con su Estado Mayor mientras que el Tte. Cnel. Cabañas, comandante del 2º Regimiento de Caballería, en acción combinada con el 1er. Regimiento al mando del Tte. Cnel. Gamarra consiguen derrotar a los porteños.

Esta victoria fue conquistada por fuerzas paraguayas mediante la conducción serena y eficiente de los jefes paraguayos, Cabañas, Gamarra, Yegros, Soriano y otros.

En precipitada fuga, Belgrano se retira del campo de batalla, reorganiza su ejército y marcha hacia el Paraná. Tres días después alcanzaba el río Tacuary y allí "pensó hacerse fuerte", pues quería aprovechar este importante obstáculo natural que le era favorable para la defensa, contando, además y desde entonces, con las tropas de refuerzo que en número de 400, con sus correspondientes armamentos y equipos, se le habían reunido al cruzar el río Tebicuary, donde le esperaban "el resto de las carretas y 400 hombres entre las milicias de Yapeyú y algunas Compañías de Caballería de la Patria.

Sobre el Tacuary se aprestó a la defensa con sus 1.000 hombres, ocupando una posición inexpugnable.

Velasco, huido al escape hasta las cordilleras de los Altos fue buscado por los paraguayos y una vez encontrado le comunicaron el triunfo alcanzado. Con estos jefes victoriosos, el Comando huidizo reorganizó su Estado Mayor y estableció su Cuartel General en Yaguarón de donde ya no se movió hasta después de la batalla de Tacuary.

Organizó una división al mando de Cabañas, cuya vanguardia, compuesta de dos escuadrones, estaba al mando del Capitán Fulgencio Yegros, quien por su destacada actuación reciente en Paraguari, había sido ascendido al grado inmediato superior.

Cabañas en esos momentos disponía de 1.400 hombres y 10 piezas de artillería. Mediante una brillante maniobra, las fuerzas paraguayas alcanzan una aplastante victoria el día sábado 9 de marzo de 1.811, en Tacuary. Allí, después de 12 horas de intensa lucha, las bravas fuerzas paraguayas, al promediar dicho día se cubrieron de glorias, luego de tantas fatigas y denuedos, legando al Paraguay, con la expulsión del invasor, los dos brillantes primeros capítulos de nuestra historia, escrito por el valor y coraje de una raza inmortal.

COMENTARIOS

Conocida es que la expedición al Paraguay al mando del Gral. Manuel Belgrano, consta de dos etapas y sufrió dos derrotas. Paraguari y Tacuary.

El primero fue el Alto decisivo, concluyente, opuesto al desbocado bridón porteño, lanzado al asalto sobre una pista inconquistable. El segundo fue la tumba de la arrogancia humillada, el remate bochornoso de un designio mal inspirado. Toda empresa sin nobleza no merece el corolario de un laurel.

Los oficiales participantes en ambas acciones, conformaron el cuadro de próceres de nuestra independencia, tales como los Capitanes Pedro Juan Caballero, Mauricio José Troche, Vicente Ignacio Iturbe, Tenientes Mariano Antonio Molas y Juan Bautista Rivarola y el Alférez Juan Manuel Iturbe.

Todos estos eran "oficiales graduados", vale decir, "urbanos" (voluntarios) de sus respectivos pueblos o Villas, incorporados al ejército de acuerdo al reglamento de 1.801, pues no figuraban en la lista en la categoría de los "Reglados", como los Capitanes Juan Manuel Gamarra, Fulgencio Yegros, Blas José Rojas, y el Teniente Antonio Tomás Yegros, quienes pertenecían a dicho cuadro.

Comandantes de las unidades fijas o regladas del 1er. Regimiento de Caballería era el Capitán Juan Manuel Gamarra, quien había reemplazado al Cnel. José Antonio Zavala, quedado en Asunción; del 2º Regimiento de Caballería lo era el Tte. Cnel. Manuel Atanasio Cabañas, del Batallón de Artillería el Capitán 1º Pascual Urdapilleta y de la Infantería los españoles Pascal y Fornel.

El Estado Mayor estaba compuesto por el Cnel. Pedro Gracia, Mayor Juan de la Cuesta y Capitán Antonio Zavala Rodríguez Peña.

Se destacaron durante la contienda el Comandante Cabañas, Gamarra, el Capitán Fulgencio Yegros, a quien se le otorgó ascenso por su brillante desempeño en la acción de Paraguari y otros.

Terminada la lucha con la capitulación de Belgrano, el Tte. Cnel. Fulgencio Yegros fue destinado con dos escuadrones para cubrir la frontera sobre el Paraná, estableciendo su puesto de Comando en Itapúa (Encarnación). El Comandante Gamarra fue designado Comandante del 2º Regimiento, en reemplazo del Comandante Cabañas, quien pasó a ejercer las funciones de Inspector General de Armas, en sustitución del Cnel. Gracia, quien había sido comisionado al Brasil en desempeño de una misión reservada.

Todos estos nombramientos y disposiciones fueron dispuestos por Velasco en previsión de posibles conjuras de los paraguayos, quienes inflamados sus corazones por el germen de la Revolución, ansiosos de una nueva era, ni las recomendaciones, ni las amenazas, ni las precauciones de Velasco, fuero suficientes para frenar el avance gloriosamente arrollador de sus ideales de liberación.

El movimiento emancipador que se agitaba y empezaba a tomar cuerpo en el espíritu de nuestros hombres armados y de la ciudadanía consciente de los derechos humanos a que era acreedor, fue grandemente incrementado desde Setiembre de 1.810, con la incorporación a los cuadros activos de los reservistas o voluntarios llamados "urbanos", quienes bajo la acertada conducción de los militares criollos, lograron conjuntamente con éstos coronar una brillante victoria de las armas provinciales, para luego después concretar el plan definitivo que habrá de conducirnos, sin retardo ni vacilaciones, a los estrados de la patria libre.

Las victorias de Paraguari y Tacuary influyeron en el ánimo de Jefes, Oficiales y tropas paraguayas para tener en sí mismos una absoluta confianza en las acciones redentoras que serán necesarias empeñar en el futuro. Las dos batallas triunfales crearon en nuestro ejército un prestigio militar necesario para encabezar y dirigir acciones de guerra de envergadura.

 

Fuente:

Las FF.AA. en sus Distintas Épocas – Cnel. DEM Luís Vittone

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