
Los sucesos de la noche del 14 y la madrugada del 15 de Mayo de 1811, fueron realizados por un grupo de veinteneros, casi todos parientes entre sí. Otros protagonistas, si no eran compueblanos, eran, por lo menos, comarcanos.
La derrota en Trafalgar, en 1805, de la otrora poderosa armada española, ante la flota comandada por el almirante inglés Nelson, fue el corolario de la desacertada política internacional de España. Constituyó en sí uno de los factores que repercutieron activamente en el desarrollo de los acontecimientos que llevaron a la independencia de los dominios coloniales españoles, entre ellos nuestro país.
En los años inmediatos, los ingleses intentaron tomar las posesiones españolas del Río de la Plata, pero fueron rechazados por fuerzas criollas, entre las cuales, como es sabido, lucharon contingentes paraguayos.
En España las cosas no iban mejor: como consecuencia de su alianza con Francia, las fuerzas de ese país invadieron la península y tras las abdicaciones sucesivas de Carlos IV y Fernando VII, asumió el poder José Bonaparte. Luego se sucedieron el tratado de Fontainebleau, el alzamiento del 2 de Mayo y otras calamidades.
Cuando en el Río de la Plata fueron conocidos los hechos, la primera reacción fue la lealtad a la metrópoli, pero la cautividad de Fernando VII, la discutible legitimidad de los organismos creados para la administración política de las colonias y su también discutible autoridad sobre las mismas crearon serios problemas en esta parte del continente. Su derivación: la independencia de Buenos Aires, apoyada por todas las provincias rioplatense, menos la Banda Oriental y el Paraguay, donde la revolución de Mayo de 1811 arrasó con el último Gobierno Colonial español, luego de 274 años de dominación.
Los protagonistas de aquella fausta epopeya, por un lado, fue la cabeza del Gobierno colonial, el Brigadier Bernardo de Velasco y Huidobro; por el otro, un numeroso grupo de bisoños oficiales, a quienes curiosamente unía no solo la carrera de las armas, sino también lazos de parentesco y de vecindad.
Posiblemente, los Padres de la Patria, en el momento de conspirar contra la autoridad colonial, tuvieron en cuenta muy seriamente que era más fácil hacerlo entre amigos y parientes, que con personas extrañas, lo que garantizaba la debida discreción.
En efecto, el líder de la revuelta que tuvo que ser adelantada por riesgo de ser desbaratada, participó complicado con varios hermanos e incluyó en la conjura a su propia novia. Sí. El Brigadier Fulgencio Yegros estuvo secundado por sus hermanos José Agustín, Antonio Tomás Anastasio, casado con María Teresa Franco, luego con María Teresa de Jesús Sostoa; y José Antonio Esteban Yegros, todos oriundos de Quyquyhó. Su novia era Josefa Facunda Speratti, con quien luego se casó, allá por Noviembre de 1811, dejando varios hijos a la hora de su muerte, una década después, cuando apenas frisaba los 40 años.
Por su parte, el otro adalid de la Independencia Nacional, Capitán Pedro Juan Caballero, al parecer oriundo de Aparypy, Tobatí, y casado con Juana Mayor; participó junto con sus hermanos Agustín y Pedro Antonio Caballero. Otro Caballero, probablemente también oriundo de Aparypy fue fray Fernando, el religioso tío de José Gaspar Rodríguez de Francia, quien, a su vez, también era pariente de los Yegros y cuñado de Mariano Larios Galván, uno de los doctrinarios de la revolución, casado con Petrona Regalada Francia.
De la conjura también participó otro cordillerano, Juan Bautista Rivarola Recalde, oriundo de Typychaty, compañía de Barrero Guasú (hoy ciudad de Eusebio Ayala), quien estaba casado con María Gregoria Acosta Cabañas, y luego con su cuñada Felipa Acosta Cabañas, con quien fueron padres de Cirilo Antonio Rivarola, el miembro del Triunvirato y, luego Presidente de la República. María Gregoria y Felipa eran hermanas de Juan Bautista Acosta, quien aquel 1811, fungía de comandante de guardia del Cuartel de la Rivera. La madre de estos era hermana de Manuel Atanasio Cabañas, pirayuense, y prestigioso militar de entonces.
Otros hermanos que tuvieron destacada actuación en la Independencia fueron Vicente Ignacio Iturbe, comandante de la guardia del Cuartel de la Maestranza de Artillería, y sus hermanos José Martín y Juan Manuel Iturbe, naturales de San Pedro de Ycuamandyyu. De allí también era oriundo el prócer Carlos Arguello. Por su parte, la asunceña Juana María de Lara viuda de Díaz de Bedoya, era madrastra de Ventura Díaz de Bedoya, también prócer de la Independencia, pero cuyo nombre fue olvidado por ser un ferviente anexionista del Paraguay a las provincias rioplatenses. Asunceños también fueron Mariano Antonio Molas y Mariano Recalde. Por su parte, Fernando de la Mora nació en Limpio, y estuvo casado con Josefa Antonia Cohete, en tanto que Francisco Xavier Bogarín era carapegueño, Blas José Roxas de Aranda era pilarense, Mauricio José Troche, curuguateño, comandante de la guardia del Cuartel de la Plaza; Juan Valeriano de Zeballos, español; José Agustín Molas, de Santa María Misiones; Vicente Antonio Matiauda, encarnaceno; Pedro Alcántara de Somellera, porteño.
Otros nombres casi olvidados son los de Juan José Montiel, Sebastián Antonio Martínez Sáenz, dueño de la Casa de la Independencia y casado con Carmelita Speratti, por lo tanto, concuñado de Fulgencio Yegros; el aborigen Manuel Cuma, los alférez Pedro Alcántara Estigarribia, José Joaquín León, Blas Domingo Franco, Francisco González, Mariano del Pilar Mallada y el cura de la catedral, Vicente Morales.
Así como los citados tuvieron participación directa y principalísima en la gesta emancipadora, también hay que recordar que ya antes, otros intentaron llevar a cabo una rebelión contra el poder colonial español. En ellos destacan los nombres de Pedro Manuel Domecq, Narciso de Echagüe, suegro de Vicente Ignacio Iturbe; los sacerdotes José Fermín Sarmiento y Nicolás Ibarbalz, el santafesino Santiago Araos, el porteño Marcelino Rodríguez, Manuel Hidalgo, José María Aguirre, comerciante porteño; Julián de la Villa y su hermano Juan Manuel de la Villa, Gabriel Benítez, Juan Bautista Egusquiza, concepcionero; Juan Manuel Granee, yaguaronino; el franciscano argentino Francisco Baca, Martín José de Orué, también franciscano; José de María comerciante; José Fortunato Roa, de Carapeguá; Dionisio Cañiza, José Antonio Zelada, asunceno, y Gregorio Tadeo de la Cerda, mendocino.
Fuente:
Luís Verón - ABC Color